
|
Creé entonces mi propio ritual, y todas las mañanas, cuando los yonquis habían desaparecido brevemente y el espacio se hacía público de nuevo, fotografiaba el trozo de calle donde habían estado. Adoptando un punto de vista casi científico o policial descubría unos auténticos mapas descriptivos de lo que allí había sucedido. Las imágenes obtenidas, frías y desoladoras, son fuertemente documentales y concretas, pero al mismo tiempo, el punto de vista, la luz y la descontextualización de la fotografía al ser colgada en una pared, hacen que se asemeje casi más a una imagen abstracta, en un revelador juego de contradicciones sobre la función intrínseca de la fotografía como medio documental. |