
|
Las fotografías que conforman esta serie invitan a la reflexión, a observarlas pausadamente. La vida en un convento de clausura es una vida de renuncia a las posesiones materiales en una búsqueda de lo espiritual. Sus habitaciones son un fiel reflejo, desnudas, casi vacías; tal vez algo tristes, frías, desoladas o quizás tan solo sencillas y tranquilas. Sus pertenencias son escasas y prácticamente todas de carácter religioso, se hace muy difícil descubrir algo de alguna de ellas que la distinga de las demás. Pero, a pesar de todo, ahí están las sutiles diferencias, pequeñas pinceladas personales que parecen brillar en un entorno tan impersonal. |