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y bendito desde el cual, canceladas las divisiones, nace nuevo e incontaminado un hombre reconciliado, un mundo reconciliado.” Exhortación Apostólica postsinoidal Reconciliatio et Paenitentia -Juan Pablo II- Es el confesionario un espacio de poder, lóbrego e inquietante, un lugar donde la comunicación se transforma en una constricción generadora de angustia básica. Un espacio que termina convirtiéndose en una representación del enojado dios castigador, un escenario con perfiles de tribunal jurídico donde se dan cita algunos de los aspectos más característicos y contradictorios del cristianismo de la pecaminosidad mórbida. El confesionario, inalterable a lo largo de cuatro siglos, contempla con estoicismo todos los cambios y revoluciones que se producen a su alrededor. Testigo mudo de innumerables confesiones y secretos parece una reliquia de otros tiempos que sin embargo aún continúa en pie perpetuando unos rituales de comunicación y reconciliación totalmente alejados de la sensibilidad contemporánea... ¿o no tanto? |